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Así fue como la llegada de la revolución sumió una potencia eléctrica en oscuridad
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PRIMERA ENTREGA | Así fue como la llegada de la revolución sumió una potencia eléctrica en la oscuridad

Con la llegada del socialismo y la políticas de revolución a Venezuela, la ciudadanía experimentó un auge de sobre información con los supuestos logros que sumó la gestión de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Un punto importante es  que el país ya era desde hace décadas, una potencia eléctrica, todo esto antes de caer en una administración despilfarradora y descuidada.

Para entender la situación actual, con la crisis eléctrica, es necesario saber de forma cronológica como sucedieron los hechos, qué inversiones se hicieron y cuáles planes se establecieron, de esa manera en el siguiente texto, se explica cómo evolucionó la destrucción del Sistema eléctrico nacional en Venezuela.

En la últimas dos décadas el gobierno de Venezuela ha llevado a cabo una estrategia sistemática de destrucción del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), marcada por el resquebrajamiento de la institucionalidad sectorial y la desprofesionalización, favoreciendo así altos niveles de corrupción.

El estudio presentado explora como esta estrategia ha contribuido a la profundización de la crisis humanitaria compleja que sufren los venezolanos, entendiendo que sus consecuencias pueden ser catalogadas, incluso como violaciones, masivas de sus derechos humanos.

Los avances alcanzados durante los cincuenta años anteriores a los períodos de gobierno Chávez-Maduro le permitieron a Venezuela desarrollar uno de los sistemas eléctricos más robustos y confiables de Latinoamérica, con la cobertura casi universal (98% de la población) y servicio continuo y de calidad en casi todo el territorio nacional.

Cronología del colapso del Sistema Eléctrico Nacional (SEN)

Se estima que durante el periodos de 1950-1998, la inversión en el sector alcanzó US $ 48 mil 254 millones. Este esfuerzo fue realizado a través de un entramado organizativo en el cual participaron empresas públicas y privadas que ejercían sus competencias con independencia y de forma descentralizada. Si bien la crisis económica y política que se vivió durante los 80 y 90 debilitó tal andamiaje, Venezuela aun mantenía, a finales de 1998, indicadores de calidad favorables; la capacidad instalada de generación se encontraba en 19 mil 696 MW, con una disponibilidad de 14 mil 200 MW (72%), lo cual permitía atender una demanda máxima de 10 mil 854 MW con una importante reserva operativa. Para ello contaba con una robusta red de transmisión y había desarrollado los enormes recursos hidroeléctricos del rio Caroní.

Durante el periodo de 199-2010, se han previsto inversiones por un monto superior a las invertidas en el desarrollo del complejo eléctrico que recibió el chavismo. Se estima que US $ 53 mil 818 millones fueron dirigidos al financiamiento del ambicioso y desordenado plan de inversiones. A pesar de los ingentes recursos financieros mencionados, la prestación del servicio se ha deteriorado de manera alarmante.

Una oportunidad perdida: 1999-2009

Para 199 la industria eléctrica venezolana necesitaba una reforma profunda que propulsara su transformación hacia un modelo de prestación de mayor eficiencia, bajo las premisas que caracterizaban los servicios en la mayoría de los países latinoamericanos. Adicionalmente, resultaba necesario realizar inversiones que permitieran actualizar las infraestructuras existentes y acompañar el crecimiento esperado de la demanda.

En 2001, se aprobó una nueva ley de servicio eléctrico (LOSE), con el fin de regular y promover un nuevo modelo organizativo que permitiera abordar los desafíos sectoriales. Igualmente, en 2003, se probó el Plan Nacional de Desarrollo Eléctrico Nacional (PDSEN, 2005-2024), que pautaba la incorporación anual de mil MW de generación, con el fin de superar el regazo y acompañar el crecimiento de la demanda. Las posibilidades de una restructuración y relanzamiento exitoso de los servicios estaban abiertas. Para ello, El SEN contaba con una nueva ley y con un plan de desarrollo consensuado, así como con los recursos técnicos y financieros necesarios para impulsar el auge del sector.

Sin embargo, entre los años 2003 y 2009, fue poco lo que se avanzó tanto en la ejecución del PDSEN como en la implementación de la LOSE. Ante la falta de nuevas inversiones, la reserva operativa del sistema eléctrico se fue agotando hasta que, durante 2006-2008, la condición de déficit y, por consiguiente de racionamiento pasó a ser permanente. A partir de 2009 el déficit de energía ya podía definirse como estructural, tal como había sido advertido, y el SEN había perdido el dinamismo y la capacidad técnica necesaria para atender la crisis.

(Fuente: Fundación Centro Gumillas)

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